Feliz día el de hoy y felices los que nos quedan por estar juntos en las siguientes jornadas. Nos reúne la Eucaristía. Es un día para la alegría que deseamos se prolongue en las jornadas siguientes de nuestra convocatoria provincial. Es el día en que se hace presente, una vez más, la Vida de Dios en nosotros. Sin esta presencia divina en nuestras vidas y comunidades, nada podríamos hacer. Ya pasa de los noventa años que seguimos la estela de nuestro Fundador.
Al fundar la Congregación de los Sacerdotes del Sgdo. Corazón de Jesús, el P. Dehon quiso que todos viviéramos la oblación reparadora de Cristo al Padre por los hombres. En las palabras “Ecce venio...” (Héme aquí, Señor) y “Ecce ancilla...” (He aquí la esclava del Señor) se encuentra toda nuestra vocación, nuestro deber y nuestras promesas (Dir. Esp. I, 3) (Cst. 6).
Queremos –parafraseando el nº 1 de la G. et S. (Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual)- que “los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, sean a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de nuestra Provincia”.
En esta Eucaristía, nosotros hoy, como aquellas primeras comunidades de apóstoles y discípulos reunidos en oración junto a María, estamos también en oración abiertos a la acción del Espíritu Santo.