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Post publicados el: domingo, 04 de julio de 2010. Volver a la Portada
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El Superior Provincial portugués, el P. Zeferino Policarpo, junto con el P. Joao de Deus da costa Jorge, ha participado como invitado en la X Conferencia Provincial. Con su presencia nos recuerdan que formamos parte de una gran fraternidad Dehoniana y nos han hecho llegar la comunión y el sentir hermano de su Provincia.
A propósito del análisis y la reflexión sobre nuestra Misión eclesial y pastoral, el P. Zeferino comparte con nosotros sus inquietudes.
1. ¿Cuál es el sentir de la provincia Portuguesa respecto al “Hoy de Dios” en Portugal?
La Provincia Portuguesa SCJ, como cualquier otra entidad de la Congregación, está llamada a no perder esta referencia al “Hoy de Dios”. Si no estamos atentos al hoy de Dios corremos el riesgo de perdernos en las “cosas de ayer”, en las cosas del pasado. Esto es dejar de estar en sintonía con el modo con el que Dios nos habla y nos interpela. Desde hace algunos años Portugal está viviendo un periodo de profundos cambios sociales. Estos cambios tocan también a la esfera religiosa, a la fe. Se comienza a percibir que ya no se es católico por tradición , sino por convicción. En esta sociedad cada vez más secularizada, Dios se vuelve olvidado para los hombres, pero Él no olvida a los hombres: continúa hablando, Mostrando su presencia e interpelando. Como dehonianos, atentos a las señales del mundo, solidarios con estos hermanos nuestros, procuramos ir al encuentro de las personas para que puedan encontrar a Dios. En el apostolado que desarrollamos, procuramos leer esta nueva realidad de la sociedad portuguesa para que se pueda ofrecer una respuesta adecuada a aquellos que buscan a Dios.
2. ¿Cuáles son, a su entender, los retos de la Iglesia en Portugal y España, en Europa?
La Iglesia en Portugal, en España y en Europa no puede tener una actitud de lamento por la situación actual con añoranzas del pasado. Si miramos la historia de Europa podemos percibir que la Iglesia siempre ha sabido encontrar nuevas formas de ser significativa y profética en los tiempos de cambio, de crisis, de empobrecimiento de la fe. Creo la Iglesia sabrá encontrar , también hoy, nuevos caminos para que el Evangelio sea una propuesta de salvación para los hombres y mujeres de estos nuevos tiempos. Para eso la Iglesia necesita purificarse, volver a la verdad original del Evangelio, necesita hacerse más sencilla, más próxima a las personas, necesita renovarse en sus estructuras de funcionamiento y de acogida de las personas, necesita tomar conciencia de su dimensión profética: denunciando las injusticias, proponiendo caminos, siendo luz y signo de esperanza… Estos desafíos son lanzados hoy a la Iglesia. La “nueva evangelización” o la evangelización de Europa, de la que hablaba Juan Pablo II, tiene que
Fundamentarse en esta verdad para que el anuncio de la Buena Noticia sea creíble y acogido por las personas que tienen hambre de Dios.
3. ¿Qué puede, y qué debe, aportar nuestra Congregación a la Iglesia y al mundo?
Nuestra Congregación, como cualquier otra institución eclesial, tiene una palabra que decir al mundo de hoy. Pienso que para nosotros, discípulos de León Dehon, la palabra que tenemos que decir es esta: CORAZÓN.
En un mundo marcado por la técnica, por le progreso, por el dinero…, muchas veces todo eso se antepone a los sentimientos, a los valores más profundos del corazón del hombre, al amor. A los dehonianos nos corresponde decir a la Iglesia y al Mundo que es necesario restaurar los valores del corazón y dar más atención a las dimensiones más profundas y espirituales del ser humano. Por otro lado también tenemos que decir al mundo de hoy que Dios tiene Corazón y que la expresión más sublime del Corazón de Dios es su propio hijo, enviado para salvar al mundo. Este Jesús se da totalmente por amor y de su corazón dejó brotar sangre y agua, signos de su amor por nosotros. Este Jesús, Corazón de Dios, nos enseña a amar, a entregar nuestra vida por amor, a hacer de nuestra vida una oblación prefecta al Padre, a tener un corazón sensible y atento a los problemas de los hombres, particularmente a los más débiles. Es este lenguaje del corazón el que tenemos que presentar a la Iglesia y al mundo. Es, a mi entender, un lenguaje muy actual y muy necesario para los tiempos de hoy. El tesoro –el Corazón de Jesús- que el Fundador nos dejó, no puede guardarse sólo para nosotros. Es nuestra misión mostrar ese tesoro al mundo en el que vivimos.
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Después de tres días de Conferencia Provincial se me pide que, en pocas líneas, plasme mis impresiones. Como son impresiones y sólo eso, impresiones, y además son mías. Me da mucha tranquilidad y libertad de espíritu escribir estas líneas.
Mirando atrás, me impresiona el trabajo realizado por el Comité de preparación, las horas y horas dedicadas en las comunidades a reflexionar sobre el material presentado para la Conferencia, la preparación de los detalles para la acogida (habitaciones, espacios, menús, sillas para arriba y para abajo, mesas bien dispuestas, etc.).
Mirando a la realización de la Conferencia, me impresiona la buena disposición de los conferenciantes, el deseo y la esperanza de encontrar nuevos caminos, el entusiasmo en la defensa de las ideas y del trabajo llevado entre manos, la honestidad y serenidad en defender las posturas contrarias, las horas maratonianas en grupos asambleas generales y mesas ampliadas de noche, el esfuerzo del secretario, la preocupación y ocupación de la Mesa de la Conferencia.
Mirando al futuro, me impresiona, que suceda lo que suceda, y se decida lo que se decida juntos, como comunidad, abordaremos el futuro con entusiasmo, honestidad y creatividad. Y no habrá ni vencederos ni vencidos sólo habrá hombres esperanzados en buscar y en encontrar un proyecto pastoral adecuado al momento y a las circunstancias que nos toquen vivir.
Como sólo son impresiones por eso puedo decir: GRACIAS por lo hecho y vivido como Provincia y por lo que nos queda por vivir; GRACIAS porque no pensamos todos igual; GRACIAS por el trabajo silencioso y callado; GRACIAS por la oración serena y la confianza puesta en las manos del Espíritu.
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