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Escuchar canción "Tan solo he venido", Juan Luis Guerra
No he venido a pedirte
como suelo, Señor
si antes de yo clamarte
conoces mi petición
Solo quiero escucharte
pon el tema, Señor
caminar por el parque
y dedicarte una canción
Tan solo he venido
a estar contigo
a ser tu amigo
a compartir con mi Dios
a adorarte y darte gracias
por siempre gracias
por lo que has hecho, Señor
conmigo
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La melodía y el texto son como dos lenguajes simultáneos que deben estar en armonía, en simbiosis. El texto tiene la primacía, es el mensaje propiamente dicho, es portador de significaciones que la música toma de él. Ésta, por su parte, prolonga, profundiza, matiza, realza sin fin el sentido del texto.
El texto de un canto litúrgico debe ser preferiblemente de contenido bíblico o inspirado en las Sagradas Escrituras, o bien inspirado en textos de los santos Padres o en los textos litúrgicos, o hacer referencia a la historia de la salvación o a los dogmas de la fe. También puede suscitar sentimientos de adoración, penitencia, conversión, alabanza, acción de gracias y súplica.
La forma del texto tiene que tener elevación poética, no ser ramplona, vulgar, ni chavacana, y además de fácil comprensión por todos, tanto en el aspecto semántico como en la facilidad para la vocalización.
Los textos han de responder a la naturaleza de la acción litúrgica y del tiempo litúrgico para los que han sido concebidos. Son textos para expresar y confesar la fe, no para enseñarla.
La música es servidora del texto, es como su vestido. Debe permitir no sólo que se entiendan con claridad las palabras, sino también darles vida, hasta el punto de que una buena melodía salva un mal texto. La música está en función de la letra a la que acompaña o sustenta para que, conjugándose artísticamente, sea fiel transmisora del mensaje espiritual del texto. Si la forma musical elegida no es la adecuada, en vez de ayudar a rezar y a sumergirse en la celebración del misterio, distraerá la atención. Además, cada momento de la celebración requiere una forma musical diversa, según se trate de una procesión (entrada, dones, comunión), aclamación, alabanza, oración, meditación, etc.
La música debe ser fácil y sencilla, sin llegar a ser simplona, no necesariamente pegadiza, servidora del texto, de buena calidad formal, creadora de comunión en la asamblea y capaz de evocar un mundo de misterio y trascendencia.
No toda música es válida para una letra, para un momento litúrgico o para una asamblea concreta. No es lo mismo la salmodia de un monasterio benedictino que la celebración de la Eucaristía de un Colegio de Educación Secundaria. En cada caso la música ha de ayudar a centrar la atención en los misterios que se celebran. Por lo tanto, no nos cansemos de mejorar continuamente la calidad, en texto y en música, de los cantos litúrgicos, sobre todo en nuestras asambleas dominicales y sin olvidar las características de la misma.
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El grupo de música "Brotes de Olivo" nos presentan nuevo disco y así con sus palabras nos hablan de su trabajo. Orado desde la esencia más genuina de la Palabra, que nos llama a convertirnos, a cambiar de mentalidad, a nacer de nuevo… todo lo que origina el deseo y la misión de este trabajo gira en torno a una sola idea: ENMANUEL, DIOS DE LA TIERRA. Se nos invita a pensar sobre qué comunión y encarnación existe entre los creyentes en el Proyecto de Jesús de Nazaret, que ha de ser “en la tierra como en el cielo”.
Desde esta idea divina, no humana, el “tratado” contiene tres volúmenes con distintos cantos, que han de ser contemplados, gozados y vividos como sólo lo saben hacer los niños:
- DESDE TU FUENTE nos plantea distintas miradas a las actitudes y al interior del corazón del hombre.
- JERUSALÉN nos recuerda que nuestro pensamiento y el de Dios son inmensamente distantes, y
- DIOS DE LA TIERRA nos mueve a orar qué sabemos de ese Dios en el que creemos, mostrándonos que somos nosotros quienes hemos generar en el mundo todo eso que pedimos y esperamos de Él.
Adelantándonos a todo lo que exponemos y cantamos, oremos. Haciéndonos como niños, inocentes, soñadores y sinceros, ¿nos sentimos en el mismo barco con toda la humanidad, con toda la Iglesia? ¿Son nuestros los gozos y las tristezas de los demás? ¿Está vivo en nuestro corazón vivir como Él vivió, amarnos como Él nos amó? Que el Señor nos dé luz y sabiduría para acoger todo lo que de Él haya en los cantos. De no ser así, que nos ayude a descubrirlo entre todos, sintiéndonos y siendo UNO para que el mundo crea.
Acompañamos la letra y la música con un pequeño documento para que, entre todos, sintamos nuestro el Proyecto de Dios. Escuchar Discos
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