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Puede parecer extraño que el P. Fundador hable muy poco del apostolado en los primeros años a sus discípulos. Él mismo y sus religiosos estaban completamente inmersos en los primeros años. Lo que tenía que hacer era darle una base, una llama. Ha sido ésta una gran parte de su inquietud, la de poder formar más a sus hijos. “Varias obras ocupan mi espíritu: enseñanza, círculo obrero, diario, misión, pero la más grande de mis obras, la más fecunda para la Iglesia, debe ser la obra sacerdotal, la obra de reparación al Sagrado Corazón y de entrega al clero” (NQT, 9 de noviembre de 1886). En su espíritu, la adoración eucarística era una estación delante de Cristo en espíritu de ofrenda en favor de nuestros hermanos los sacerdotes sobre todo. Él soñó en el Reinado social de Cristo. Dijo que para eso había fundado la Revista El Reino del Corazón de Jesús... (NQT, 10 mayo de 1888). Quiso educar el sentido social de los sacerdotes en los famosos Congresos eclesiásticos (René Rémond, Los dos Congresos eclesiásticos de Reims y de Bourges, París, Sirey). Ha sido el confidente de muchísimos sacerdotes para levantarlos, y animarlos. Por la expresión “Reino Social de Cristo” hay que entender sin duda “el acceso de los pobres, de las masas, a Nuestro Señor”. Como escribió el Padre Daniélou: “La pertenencia al cristianismo pide una fuerza de carácter de la que la mayoría de los hombres no son capaces” (p. 12). Hace falta “cuadros sociales”, “estructuras culturales”. Esa fue la razón de la actividad social del P. Fundador. De esta manera él pensaba hacer obra de reparación: hacer amar "el Amor que no es amado".

V. TEXTOS DE LAS CONSTITUCIONES
Existen siete ediciones de Constituciones hasta el presente. Hay que notar que han ido haciéndose cada vez más esqueléticas, hasta llegar a la forma actual. No mirando más que los números 2 y 3 de las Constituciones actuales, se señala en demasía un aspecto cultual (al Sagrado Corazón) y devocional. Las primeras Constituciones, un poco prolijas, tenían por lo menos la ventaja de evocar una vida espiritual profunda. Nuestra vocación desborda seguramente el hecho de honrar al Corazón de Jesús.
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El pasado viernes, en el contexto de la fiesta del P. Dehon, los antiguos alumnos que ahora participan del Grupo de fe del Colegio Fray Luis de León trataron de mostrar a los más pequeños, al grupo de Amigos de Jesús, quién era el padre Dehon y su vida. Para ello escenificaron, de modo muy sencillo, algunas de las escenas más importantes de su vida: su familia, la decisión de ser sacerdote, la oposición inicial de su padre, el trabajo con los obreros en Francia y la creación de la Congregación y su extensión. A pesar de que los ensayos no habían sido muchos (eso sí, contábamos con la experiencia del año pasado), el arte y desparpajo de todos hizo que la experiencia fuera estupenda, tanto para el Grupo de fe, que se acercó de nuevo a la vida del fundador, como para el grupo de Amigos de Jesús, que disfrutaron de este momento y aprendieron un poco más sobre la figura y el trabajo del padre Dehon. ¡Muchas gracias a todos por vuestro tiempo y empeño!
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“Contentar al Señor -escribe el P. Dehon- debe ser mi pensamiento asiduo y la regla de todas mis acciones” (NQT, 28 de septiembre de 1886)... pero para conservar así los ojos fijos en Nuestro Señor, hay condiciones. Como decía el Fundador, a sacerdotes en retiro: “Pocos hombres hay con carácter suficiente para imponerse una tarea semejante” (Retiro espiritual sacerdotal, 47). En un libro que ha tenido poco eco (Daniélou, L’oraison problème politique, Paris, Fayard 1965), el P. Daniélou ha hecho el panegírico del pobre en la iglesia, entendiendo por pobre “a los cristianos que necesitan para ser cristianos de un ambiente que les ayude” (p. 15). Esta es también la tarea de un Capítulo General que ambiciona provocar un nuevo nacimiento de los Oblatos del Padre Dehon, de hacer accesible a los pobres su ideal carismático, a los humildes entre nosotros. Para ello no bastan hermosos textos que se están preparando sino que hará falta el sostén de un marco de vida, de una disciplina realista. En su artículo de 1965, el P. Regamey (“La consagración religiosa”: Vie Spirituelle, Suppl. 1965, 392) escribe que el nuevo relanzamiento de los Institutos religiosos “dependerá de la seriedad con la que se estimará o se desconocerá la puesta en marcha de los medios”. Añade, además que “muchos temerarios (también maestros de espíritu) acusan de búsqueda de sí la necesidad de recogimiento que se les manifiesta...” sin tener en cuenta “que la vida religiosa debe ser una asimilación íntima a los misterios divinos, para convertirse en epifanías de los mismos en este mundo” (p. 410). El P. Dehon creyó que hacían falta “ejercicios”, una regla. Sólo una élite podría pasarse sin ello. El P. Dehon ha creído en la virtud del silencio. “El silencio, con la caridad y los tres votos constituyen la vida religiosa. Es un elemento que llega al quinto rango” (Conferencia del 19 de diciembre de 1885). “Hace falta una economía de nervios”, escribía en marzo de 1966, en La Vida espiritual un autor. Nuestro equilibrio nervioso está amenazado y es necesario. Los pobres necesitan que se les ayude (aunque sea a pesar de ellos) para conseguir su oración, su vida de oración. Sin ascesis no hay vida interior.
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El P. Fundador, siguiendo la línea de su vida interior personal, empujaba mucho a lo que él llama “la unión con Jesús”. “Es bueno tener tan sólo una práctica dominante y la mejor es la unión con Nuestro Señor. Cojamos el ejercicio de la unión con el Señor de preferencia a los demás, para convertirlo en el punto cardinal de nuestra devoción” (Retiro de renovación, l.c., p. 39). El Padre pide que se eduque al novicio en la ternura hacia la persona de Jesús: “Todo novicio debe conocer la vida de Nuestro Señor. A nosotros nos interesa mucho. Se ven a sacerdotes muy versados en la historia profana que ignoran la vida de Jesús” (Voie d'Amour, n. 8 a,b). Para él el tema habitual de la Oración ha de ser Nuestro Señor. “Los temas propuestos para la meditación serán reflexiones sobre las palabras de Nuestro Señor, cuadros de su vida, consideraciones sobre sus misterios. La totalidad de la vida se repartirá según los períodos del año eclesiástico...” (Voie d'Amour, II, 1a). Así se explica por qué el P. Fundador insiste en la lectura cotidiana de la Sagrado Escritura. Él lo hacía desde cuando era estudiante en París. “Que cada uno de nosotros haga cada día su lectura de la Sagrada Escritura” (Directorio, V. 8). Si se mira bien es la preocupación de la unión a Jesús que está a la base de los encuentros del día: a las nueve, al medio día...)
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El primer día autorizado regularmente para la adoración del Santísimo Sacramento expuesto, ha sido el viernes, 5 de marzo de 1880. Pero Mons. Thibaudier nunca concedió una capilla de adoración pública al P. Dehon. Es sin duda muy conmovedor oír al P. Fundador decir a los novicios el viernes 27 de febrero de 1880: “Hemos sido autorizados a exponer el Santísimo Sacramento el primer viernes de mes. Es una gran noticia y que debe asustamos al ser llamados nosotros tan miserables a un honor semejante: Jesús quiere encontrar aquí Nazaret, y Betania: el viernes será el primer día regularmente autorizado. Dentro de unos meses será todos los viernes y dentro de un año o dos todos los días. Luego serán fundadas otras casas que empezarán con la adoración diurna y nocturna: el viernes la primera de las miles y quizá de los millones de días de exposición entre los oblatos...” (a los novicios, viernes 27 de febrero 1880) Preparémonos nosotros, pobres pecadores. Si hay una cosa que sea cierta es la insistencia extrema que el P. Dehon ha puesto en recordar a sus religiosos la importancia de la adoración en sus vidas, al servicio de la Iglesia. “Es un acto esencial de nuestra vocación y de nuestra misión aprobada por la Iglesia...” (Carta circular del 29 de enero de 1910). En una circular sin fecha (puede que sea la circular buscada por el autor de la nota 1 de Carta circular, 196), el P. Dehon escribía: “El espíritu de nuestra obra tan característica erige que en todas nuestras casas la adoración reparadora esté organizada en cuanto al tiempo y a la manera de hacerla”. En 1909 escribe desde Lourdes (16 de julio) para promover una nueva fundación que sería una “Casa de adoración y como una casa de contemplativos donde, añade el Padre, algunos Padres... irían para hacer allí su renovación”. La casa de contemplativos es como un viejo sueño del Fundador que desde su tiempo de seminario a los años 1878-1883 (“Una parte de los miembros de la Orden se entregan a la contemplación, a los Oficios del coro y a la adoración del Santísimo Sacramento” [Const. cap. I, Vº]. Se lee en las NQT: “He escogido por armas al Sagrado Corazón sobre la cruz. Nuestro fin, ¿no es acaso la inmolación por amor? Hemos de tener varias casas de vida contemplativa” [NQT, 23 de mayo de 1886]), a pesar de acordarse tanto en sus Notas cotidianas, no se realizará nunca.
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