Hace algo más un año entrevistábamos a Eduardo Gómez Martín con ocasión de su ordenación como diácono. El pasado 26 de noviembre de 2012, en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, el obispo de Salamanca, D. Carlos López, ordenaba sacerdote a este joven religioso de la Congregación de los Padres Reparadores. Una vez más, Eduardo ha respondido a nuestras preguntas:
- Ahora que tu vocación se está haciendo realidad, ¿puedes decirnos dónde has encontrado la ayuda para llegar hasta aquí?
En tres cosas fundamentalmente. En primer lugar en mi familia que desde el principio ha estado siempre muy cerca, animándome a entregar la vida de este modo. En segundo lugar en mis hermanos reparadores, mi otra familia, como dije en la homilía de mi primera misa. Ellos han sido realmente quienes han compartido conmigo la vida; momentos de alegría, tristeza, preocupación, trabajo, etc. Con ellos he aprendido a ser reparador y, ahora, sacerdote. En tercer lugar, y no por eso menos importante, sino al contrario, en la fe. Si no hubiera sentido durante toda mi vida a Dios caminando junto a mí, nunca hubiera tenido la certeza que este camino hace realmente feliz.
- ¿Cómo ha cambiado tu vida después de la ordenación sacerdotal?
El día siguiente a la ordenación, me levanté por la mañana, me miré al espejo, una y otra vez, de un lado y de otro, me subí a la báscula, me asomé por la ventana y… nada había cambiado. Grité: ¡soy el mismo!, ¡la vida sigue, menos mal! Eso sí, con una tarea más, y no me estoy refiriendo a “decir misa”. Con la ordenación sacerdotal, y no me preguntéis por qué, uno sabe que tiene como tarea pendiente conformar su vida con la de Jesucristo. ¿A qué me refiero? Pues que ser sacerdote no es una profesión más, sino un modo de vivir que tiene que reflejar necesariamente la presencia de Jesús en la tierra, por muy indigno que sea uno. Es un misterio. Cada día, cuando celebro la Eucaristía, pido al Señor parecerme más a Él, sobre todo, sintiendo en cada momento como Él sintió.
- El pasado mes de agosto participaste activamente en la Jornada Mundial de la Juventud, ¿qué recuerdos te quedan de aquellos días de fe, juventud y entusiasmo cristiano?
Después de lo vivido este verano me sigo preguntando: ¿por qué razón los jóvenes responden masivamente a los encuentros con el Papa? Al principio podríamos pensar que era la personalidad de Juan Pablo II la que convocaba, y ahora ¿cuál es el motivo? Para mí está muy claro, el Espíritu Santo existe y supera a cualquier figura humana, incluso a la del Papa. Dios sigue estando presente en su Iglesia y, aún en tiempos de secularismo feroz, Jesucristo es luz, guía y razón por la que entregar la vida por completo.
- Este curso continúas trabajando en ESIC, la escuela de Marketing de los Padres Reparadores. Además de la docencia, ¿cuál es tu labor allí?
Es mi segundo año trabajando en ESIC. Además de impartir las asignaturas de Pensamiento Social Cristiano y Sociología de la Empresa, soy tutor académico de tres grupos de 1º de Grado en Marketing y, estoy encargado de la actividad pastoral del centro. En estos momentos, en la Escuela, estamos implicados de lleno en tres actividades pastorales: la Fundación Orbayu, que concede microcréditos para el desarrollo de pequeñas empresas en el tercer mundo; la propuesta de Voluntariado misionero para alumnos y profesores; y, la oferta de grupos de reflexión cristiana para aquellos que quieran compartir fe y vida, también en la universidad. A parte de todas las actividades que se puedan organizar, lo más importante es estar presente, escuchar y acompañar la historia de cada uno de los chicos y chicas que pasan cada día por allí. Apasionante.
- El nuevo año 2012 ha dado la bienvenida a una nueva publicación religiosa, scj.es. ¿Qué rasgos definen a esta nueva revista?
Con la nueva revista: scj.es: Revista de la Familia Dehoniana nos lanzamos a una “nueva aventura”. Queremos que sea nuestro vehículo de comunicación, el “instrumento” para dar a conocer lo que es la Iglesia y nuestra Congregación, con un contenido cristiano y espiritual que nos una con nuestra gente: familias, comunidades educativas, bienhechores y amigos; así como también con aquellos que algún día la tengan entre sus manos. Queremos que sea un medio cuidado y precioso para seguir dialogando nuestra fe con la cultura del siglo XXI.
- Nunca olvidas tus raíces, procedes de Alba de Tormes, donde vive tu familia. Allí, en Alba, se están preparando los Centenarios teresianos de 2014 y 2015. ¿Qué crees que pueden aportar estas conmemoraciones?
La confluencia de estos Centenarios teresianos en 2014 y 2015 (el cuarto de su beatificación y del voto de Alba, y el quinto de su nacimiento), nos brinda una ocasión única a todos para volver sobre la figura y el legado de Teresa. Pienso que no estamos hablando de un acontecimiento puntual. La importancia creciente de Teresa de Jesús en los ámbitos culturales, literarios, religiosos, espirituales y místicos, están poniendo en movimiento a muchos grupos y personas de todo el mundo, que miran a Alba de Tormes, Ávila y Salamanca, como focos de cultura y espiritualidad. Hemos de aprovecharlo. Teresa de Jesús, además de movernos a la devoción, ha de ayudarnos a vivir con intensidad la vida cristiana. Ella nos demostró que se puede ser profundamente cristiano y hombre o mujer de nuestro tiempo. No existe incompatibilidad.
- Y finalmente, retomando las razones de esta entrevista… ¿qué te motiva más para desarrollar tu ministerio ordenado dentro de la Iglesia?, ¿qué da sentido hoy a tu vocación?
Lo que más me motiva para ser cada día lo que soy es ver que los hombres andamos muchas veces como ovejas sin pastor. Estamos muy perdidos, no sabemos lo que queremos; como dice el salmo: “el corazón del hombre… ¿quién lo entenderá?”. Necesitamos dar razones de nuestra fe, renovar nuestro bautismo, demostrar al mundo que hay una Buena Noticia por resonar, decir que nuestro Dios es amigo y no enemigo. Hay mucho por hacer, muchas personas están pasando grandes dificultades… ¿quién va a seguir diciendo que Dios existe? ¿Quién va a gritar al mundo que el dolor, la muerte, la soledad, la enfermedad, la marginación, no tienen la última palabra? ¿Quién? Cada uno de nosotros, tú y yo también.
